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El velo de la ignorancia

  ¡Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran con el manto. Es lo mejor para que se las distinga y no sean molestadas. Allah es indulgente, misericordioso.” Sura Al-Ahzab, aleya 59.
Fecha de publicaciónFecha: 10/09/2012 | AutorPor Yasmin Matuk.| Fuente: yasminmatuk.wordpress.com

  Esta aleya, tomada del sagrado Corán, pertenece a la sura llamada en español “La coalición” y fue revelada en el quinto año del período de Medina. Si bien la sura se centra en la Batalla del Foso y la campaña contra el Banu Qurayzah; introduce también leyes con respecto al matrimonio y al divorcio, las sucesiones, la vida familiar islámica y, lo que es muy importante, describe la vida del Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, la relación con sus esposas, benditas sean ellas, y la comunidad de creyentes.

 

  En dicho versículo se hace referencia al “manto”, la fonética de la palabra árabe correspondiente es jalabeebihinna que deviene de “jilbab”, esto es, un atuendo en forma de manto o capa para cubrir el cuerpo de la creyente.


  En una aleya anterior y perteneciente a la misma sura se puede leer: “Cuando les pidáis un objeto hacedlo desde detrás de una cortina. Es más decoroso para vosotros y para ellas.” (aleya 53) el equivalente a cortina es la palabra “hijabin”; palabra esta que procede de la raíz hayaba y cuya significación se acerca al concepto que denota una pantalla, muro o cortina; todos ellos sinónimos usados para esclarecer el respeto hacia la investidura de las esposas del profeta Muhammad, que Allah les bendiga, en el momento de socializar con ellas. Esto es: los creyentes debían tener muy en cuenta esa investidura y esa dignidad propia de las compañeras del Mejor de la humanidad.


“Y di a las creyentes que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que son aparentes, que cubran su escote con el velo y no exhiban sus adornos sino a sus esposos, a sus padres, a sus suegros, a sus propios hijos, a sus hijastros, a sus hermanos, a sus sobrinos carnales, a sus mujeres, a sus esclavas, a sus sirvientes, a los niños que no saben aún de las partes femeninas. Que no batan ellas con sus pies de modo que se descubran sus adornos ocultos. ¡Volvéos todos a Allah, creyentes! Quizás, así, prosperéis.

Sura An-Nur, aleya 31.


El velo de la ignorancia:

Al hablar comúnmente de “hijab” (o hiyab) la gente se figura todos los tipos de tocados que usualmente usamos las mujeres musulmanas para esconder nuestro cabello. Nada más alejado a esta realidad ilusoria ya que, como se ha demostrado líneas arriba, el hijab es una suerte de muro o pantalla que separa, escinde, lo que por respeto no debe unirse; y no una mera prenda de vestir como se le da sentido a esa palabra comúnmente.


El hijab, prefiero de aquí en adelante hacer referencia al velo islámico, es una herramienta y no una suerte de código de identidad que utilizan un grupo de personas buscando con ello diferenciarse de las demás.

¿Porqué una herramienta? Allah, el Misericordioso, es claro en el asunto: “cubran su escote con el velo”. El velo etimológicamente deviene de la palabra “khimar”, que en árabe es خمار.


Parte de la transliteración de la aleya 31 de la sura La Luz es la siguiente:

“illa ma thahara minha walyadribna bikhumurihinna…”


Bikhumurihinna: Desglosado este concepto se entiende que: el prefijo “bi” significa “con” y el sufijo “-Hinna” es femenino del pronombre posesivo “su”. Y, en medio, “khumur” es plural de la palabra singular “khimar”. Y, a su vez, khimar es un atuendo de forma de capa que se usa para cubrir el cuerpo. Esta era una prenda típica para vestirse que usaban las mujeres en la época del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda paz, y que solía envolverles tanto la cabeza como el cuerpo: cubran su escote; para que no se vean sus encantos como en los tiempos previos a la llegada del Islam, para no ofrecer su figura y verse comprometidas en su integridad física; para no atraer las miradas perversas o envidiosas de los hombres y las mujeres que componían aquella sociedad toda.


Vale mencionar que hay que tener en cuenta el contexto socio-histórico en el cual se reveló el Corán; fue en lengua árabe para una comunidad tribal donde convivían tanto personas ignorantes sin ningún tipo de educación escolar como personas ilustradas, en su mayoría comerciantes de gran poder adquisitivo. Esta fue una sociedad politeista que transgredía los límites sociales, jurídicos y económicos de los individuos particulares y, especialmente, el de las mujeres ya que eran maltratadas gracias a todo ese conjunto que no las valoraba tal cual lo hizo -y hace- el Islam. Con esta aclaración, se colige muy bien que nuestra concepción occidental y moderna del concepto “khimar” difiere muy bien de la concepción originaria de aquella época y así muchos términos exclusivos que aparecieron con la religión del Islam. Y es una verdad irrefutable que, en la época de la Yahiliyya (Ignorancia) las mujeres no poseían casi ningún derechos y tampoco había una personería jurídica que las amparase. Entonces, el precepto divino hizo hincapié en cubrir sus escotes, ocultar sus contornos femeninos, no llamar la atención porque son mujeres creyentes en Allah y, por tal, alejadas de las vicisitudes mundanas de la vida diaria. Con el mandato llegó el hábito y ellas hicieron uso de una literatura de civilidad -en palabras de Philippe Ariès- donde aprendieron que su cuerpo es suyo y no gratuito y a la vista de los demás; protegían su desnudez con el objetivo de no sufrir acosos ni ser maltratadas. No resulta tan ilógico y bárbaro después de todo; ¿no es acaso que, en nuestra sociedad moderna misma, son aún las mujeres víctimas de maltratos físicos y verbales a causa de su belleza?


No solo en cuestiones externas, como el velo, se logró una transformación en la sociedad árabo-islámica, es de lo más importante recordar que el Islam introdujo el derecho de familia y las obligaciones para con las mujeres, los padres, los niños, los huerfanos, los viajeros y los sectores más vulnerables de la sociedad. De hecho, con el Islam, se produce un cambio radical en la posición social de la mujer: en la dimensión de la ilicitud/licitud (haram/halal) se establece jurídicamente el contrato matrimonial (al-iql) donde, los grandes precursores de la jurisprudencia, consignaron legítimamente los derechos y garantías que en tal contrato beneficiará a todas las musulmanas.


Y, sin embargo, aun se mantienen en ciertos sectores tanto del mundo árabe como occidental, lo que llamo “el velo de la ignorancia”. Pero, ¿qué es esto?


El Corán  insta a las creyentes a utilizar el velo para no ser acosadas, confundidas, molestadas y que se las respete por la investidura que le otorga dicha prenda. El velo islámico es un medio. Su única función corresponde a lo citado anteriormente: para la salvaguarda de la integridad de la mujer como creyente, como mujer espiritual, como mujer política y como individuo de una sociedad. Se entiende que con esta prenda, y en todas sus variantes (niqab, burka, chador; todos de acuerdo a su lugar geográfico de origen y respondiendo a hábitos y costumbres propias) la mujer no solo debe ser reconocida e identificada como musulmana, sino que es parte misma e integral de esa comunidad y, por ende, se la reconoce y pasa, a su vez, desapercibida. Al tener pertenencia a ese grupo es una más. El hijab es un medio no un fin.


“… durante la época del Islam Europeo clásico bajo el gobierno de los murabitun (almorávides), que surgieron del Shahara y ocuparon la mitad de España, las cabezas de las mujeres estaban descubiertas mientras que las de los hombres estaban veladas. Los hombres se cubrían el rostro contra las arenas del desierto mientras montaban sus camellos, y por ello eran conocidos como los “mulathimin”: los hombres velados. Debe recordarse que durante esa época surgieron algunos de los más grandes ‘ulema de los musulmanes que propagaron y defendieron el carácter social omnicomprensivo de la ley islámica. Los murabitun fueron indulgentes en asuntos de vestimenta pero completamente inflexibles en todas las leyes concernientes al comercio y las finanzas.”


Shaikh dr. Abdalqadir As-Sufi.


Sin embargo, ¿qué ha pasado en medio para que esa herramienta de protección haya pasado de ser un simple medio para convertirse en un fin en sí mismo?


Más generalmente: ¿qué pasa cuando todo ese modo, hábito y costumbre particular de una comunidad  transgrede su lugar de origen y se expande hacia otras sociedades diferentes?


Aproximación sobre la influencia “literal” de la propagación del Islam en el Occidente actual:

En la actualidad la religión del Islam es la que posee más adeptos en Occidente, países democráticos de América suman entre sus ciudadanos muchos conversos que han aceptado el desafío del Dîn de Allah y lo cumplen de acuerdo a sus intereses y motivaciones. La extensión del Islam se ha facilitado tanto por la palabra como con la gran apertura de mezquitas, madrasas y turuq; y se ha reforzado con el mundo de las comunicaciones. Internet ha posibilitado el estudio de los textos tradicionales de nuestra religión, siendo este el medio indispensable para foros de consulta, exposición y adquisición del conocimiento básico. Este cúmulo gratuito de información disponible ciertamente es un beneficio increíble para quien desea saber más sobre el Islam, pero -en algún punto- también es un peligro debido a la facilidad con que se puede tergiversar la información. La primer forma, la más peligrosa, es la tergiversación en las traducciones del Corán. Esta es una realidad que dificulta la comprensión de los preceptos revelados; dificultad que reside en que una palabra usada en una lengua pocas veces tiene su equivalente en otra ya que dicha palabra tiene diversas connotaciones y asociaciones propias de la gente que la usa; responde a un contexto social específico en un tiempo histórico específico y, por ende, imposible de repetir. La lengua árabe es estrictamente gramatical: es la lengua más rica del mundo en lo referente a la conjugación de verbos y sus derivación. Un verbo puede poseer 35 formas de infinitivos diferentes y, cada uno de ellos, diversas connotaciones de acuerdo al contexto donde se los ubique. La particularidad en los errores de las traducciones de las aleyas coránicas y, luego, su interpretación; es la literalidad con que se las concibe; siendo verdad absoluta que muchas de las palabras encontradas en La Revelación se convierten en conceptos que dan lugar a ramas del conocimiento.

Hecha la aclaración, deseo introducirme en aquellas posturas literalistas que hacen del Islam en Occidente una religión cubierta por el velo de la ignorancia.


Al comenzar este artículo me detuve en los versículos que expresan la intención del jilbab, el velo islámico usado por las creyentes. Este solo es un punto singular, a modo de ejemplo, de cómo puede ser tergiversada alguna expresión ipso facto para que luego devenga que un uso externo pase de un simple medio a un fin en sí mismo; es decir, la mujer musulmana en Occidente es reconocida por el uso de su velo islámico siendo, por ello, foco de todas las miradas. El velo islámico deja así de perder su objetivo primigenio como medio y se transforma en un fin en sí mismo: soy musulmana porque uso jilbab en vez deuso jilbab porque soy musulmana. Un creyente no debe ser reconocido por sus pares por usar tal vestimenta, sino que lo debe ser de acuerdo a su creencia, su prédica, sus acciones religiosas y la respuesta que él da a los preceptos divinos de La Revelación. Lo importante aquí no es en realidad el ejemplo (pues bien podría haber sido el largo de la barba o el uso del tasbih) sino cómo algunas propuestas literalistas hacen que la balanza de la piedad se incline hacia las posturas externas y no hacia las internas que son las que verdaderamente hacen de nuestra religión un conjunto de presupuestos normativos perfectos que buscan el beneficio del creyente y, jamás, su dificultad.


Bien sabido es que en la actualidad, el movimiento que sumó más adeptos a la religión del Islam es el que proviene de lo que comúnmente se denomina “escuela salafi”. Es innegable que dicho movimiento se ha preocupado más que ninguno por el legado religioso y cultural; inclusive, y en mayor medida, mucho más que las otras escuelas. Su doctrina se basa en un “retornar a las fuentes”; es decir, tomar todo aquello del pasado de la mejor de la comunidades que hubo sobre la Tierra y proyectarlo hacia el presente. En sus formas propagandísticas latinoamericanas pueden encontrarse slogans que invitan al “Islam verdadero y original”, “Ahlus sunna, la dawah salafiyya”, “Ahlus sunna, lo mejor de la Ummah”, ” Las enseñanzas de los verdaderos salaf”, etc. También se encuentran las tendencias literalistas de medir la piedad por el largo de la barba en el hombre o de la amplitud del velo islámico en la mujer. Todos ellos expresados en títulos de organizaciones mediáticas de internet a disposición del usuario neófito que busca empaparse en las arcas del conocimiento. Todos ellos grupos pretenciosos que alzan, a modo de estandarte, los principios fundamentales e inequívocos de autenticidad, perfección en la doctrina, legitimidad en sus presupuestos ideológicos y elitismo en la gnosis. Todos ellos acaparando la universalidad misma del Islam y presuponiendo que quienes no participen de dicha dimensión no participan tampoco de la identidad islámica. Todos ellos abogan por el Islam verdadero pero no el Islam de todos los musulmanes del mundo. 


¿Cómo luchar contra eso?

Creo firmemente que la única posibilidad de contrarrestar estas fuerzas puritanas y fanáticas, ya no en la religión misma del Islam, sino en todas las creencias, es comenzar por una re-lectura verdadera de la historia que nos precede para lograr quitar de una vez por todas ese velo de la ignorancia que nos distorsiona y segmenta la  visión de la realidad. La realidad verdadera y no la proyectada desde el pasado e impostada en este presente. Para nosotros, los musulmanes conversos de América, esta historia de expansión del Islam es también nuestra historia -debemos hacerla nuestra- porque aceptamos sus presupuestos normativos y espirituales y adoptamos esta nueva identidad que nos conforma parte de ese grupo originario. Asumimos nuestra nueva identidad y la defendemos, no por nuestra derecho legítimo de usar atuendos exportados de Medio Oriente, sino porque nos llamamos musulmanes y creemos en Allah, en Su Libro y en Su Bendito Enviado. Y comenzar una re-lectura de nuestra historia es volver a las fuentes, pero no del modo puritano y literal, simulando los estereotipos de una comunidad que ya fue y jamás podrá volver a representarse; sino estudiar la historia misma: su desarrollo, su apogeo y su declive. Su lengua, única para la correcta interpretación de la Sagrada Escritura, y sus protagonistas. No solo la vida del Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, sino la biografía de sus compañeros, de los compañeros de los compañeros, de los imames, de los fundadores de las escuelas de jurisprudencia, de los filósofos, de las mujeres que destacaron por la grandeza de su ingenio y sin importarles el largo de su velo; y de todos aquellos creyentes que hicieron del Islam, más que una religión exótica y no convencional para los antropólogos, sociólogos y orientalistas occidentales; una forma de vida social fundada en el conocimiento y en constante propagación; una cosmovisión del mundo completamente lógico que no exige imposiciones irrealizables, sino que brinda la posibilidad de un equilibrio natural tanto en nuestra actualidad como lo fue hace 14 siglos desde su fundación.


Yasmin Matuk.

Gracias a sidi Noureddine Ben Said por su constante ayuda en las traducciones y en darme ánimos para terminar mis artículos.



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